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Terra
La Coctelera

CRISIS 2

 

Funcionarios y demás, apresuraros, pero sin prisas, pues os puede sentar mal ya que sois especialistas en hacernos esperar en las ventanillas de turno. No dudéis, es tan fuerte la crisis que no habrá la suficiente mierda para todos. Ser raudos pero sin empujar, pues esto se va a acabar. "Tapa Zeros" no podrá ni facilitaros el papel para limpiaros el culo, pues ya se sabe que lo ha tenido que usar para tapar las bocas de todos los que empezamos a bostezar. Más de cuatro millones de parados que lloramos y que no podemos secar nuestras lágrimas, porque el papel se está acabando, incluyendo el de curso legal.

Nadie de los de arriba lo va a evitar mientras puedan cobrar y mangonear, y ya son tal la cantidad de ellos, gracias a las comunidades que nos ahogan, que para que todos puedan cobrar, la gallina de arriba se caga en la de abajo. Esto siempre será así, ya que la de abajo no se puede defender  y no sabe escupir, y menos hacia arriba.

Esta crisis no nos amenaza con tirarnos del bote, ya estamos en el agua, pero no nos pondrán mordazas para ahogarnos. Son más listos, durará hasta que aprendamos a nadar escupiendo agua, aunque necesitemos salvavidas, claro está. Que cada uno coja el suyo, pagando, claro, pero por favor, con un justiprecio, que no le aporten peso con impuestos. No queremos  beneficios para los salvadores de crisis mundiales que no les interesa la crisis local, o no la puedan vislumbrar. Yo lo único que quiero es cobrar lo que me deben y entonces callaré y podré pagar a su vez.

Vargas Llosa dijo un día: "escribo porque no soy feliz". Y yo lo hago porque no me dejan serlo y pese al que le pese (que son todos los del sistema actualmente agonizante) lo voy a seguir haciendo. García Márquez contestó en una entrevista: "escribo para que mis amigos me quieran más". Y yo repito: escribo para ayudar diciendo las verdades aunque algún amigo se pueda enfadar y no me facilite las cosas a la hora de alcanzar los medios necesarios para poder sobrevivir con cierta dignidad.

He sido como un esclavo: trabajar y callar. De los que se han buscado la vida sin ninguna ayuda del sistema, por el contrario, siempre luchando contra sus trabas burocráticas con sus pérdidas de tiempo y dinero. ¿Son un mal necesario? Si, estoy convencido, pero que lo haga alguien capacitado, que sepa de verdad. No soy un ácrata, y soy consciente de que el anarquismo no contribuiría a solucionar nada, pero ni tanto ni tan calvo. El humor no me falta y no podrán embargármelo, continúo teniendo esa típica media sonrisa del idiota crónico de sesenta y cuatro años que ha conseguido cobrar del paro.

Soy un autónomo de mierda, machaca de cuarta fila y ponedor nato, pero aún hoy 4/4/2009, a pesar de la rima del nueve en la que nada se mueve ni el gobierno promueve, tengo la esperanza de salir de la mierda en la que ellos nos han metido. Hace ya tiempo que aprendí a flotar, a nadar e incluso a bucear. Estoy acostumbrado a cotizar a la S.S. pues llevo ya treinta y un años. Y dentro de seis meses me pagareis 651,63 Euros. Más mierda para no poder vivir. Pero seguiré adelante.

Lo habéis conseguido, sí señor, pues yo también soy parte y aunque sin arte para pescar,  continuaré obligado a pagar a la Hacienda Pública. Y eso me irá ahogando. Es como el tabaco que me vendéis, aunque me pueda matar, eso no importa, mientras les produzca beneficios inmediatos. No les concierne, si no pagan unos pagaran los otros, o sea, mis herederos. Ya lo dijo Felipe González y ¡ole!: "hemos ganado, Guerra" y ganar por lo visto es ganar aunque no haya guerra. El Guerra ya lo sabía y eso que reinaba la paz. Paz/ciencia para aguantar tanta caradura, es lo que necesitamos. Recomiendo que leáis: El Mundo, año X, número 152, Crónica domingo 13 de septiembre de 1998 ¿"Todos a la cárcel menos Felipe"?

España es un inmenso solar y el chupóptero nunca se extinguirá, lo de las inmobiliarias valga la expresión (no son inmóviles del área, ya me entienden), todos decíamos que era un globo y que un día ¡Puf! Y así ha sido. Para que esto suceda sólo es necesario saberlo hinchar y como en cada sangría autonómica existen los correspondientes Homo Sapiens que han sabido soplar (que por cierto, no son "sopla/gaitas", pues todos saben cobrar y especular), y repito, el solar es inmenso y como les es indiferente que pueda explotar la famosa burbuja, todos a una dicen: ¡ja! y ¡ja!, el bolsillo nos puede llenar y nadie se quiere marchar.

 

 

CRISIS 1

Como en estos momentos estamos en la UCI, a grandes males… Sin ánimo de pecar de agorero es obvio que todo el mundo es sabedor del tremendo fracaso al que nos veríamos avocados si no tomamos las medidas oportunas que ningún gobierno en el mundo ha tenido ni tendrá a bien tomar, pues les resulta imposible rectificar sus errores cometidos. Es la ineficacia y el pasotismo de los políticos: lo bailado, bailado está, ya se arreglará solo. Además, son capaces de ver la crisis en las economías del resto del mundo pero no son capaces de verla en su propio territorio. Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Es por todos sabido que hoy, gracias a Internet, la tierra es pequeña, plana y sin montañas. Es decir: las comunicaciones son tan fáciles que llegan en segundos. Nunca ha sido así, en otros tiempos existían límites, fronteras que hacían imposible crear un mercado verdaderamente internacional. Ahora amparados en estas nuevas tecnologías, los gobernantes, asesorados por los financieros y matemáticos del beneficio fácil, han conseguido maximizar los mercados internacionales. Europa es un ejemplo, gran mercado donde todo se controla, no hay fronteras, ni distintas monedas, eso sí, idiomas por un tubo: tantos y tan variados que no se aclara ni Dios, por cierto, en nombre de Él si que se marcan fronteras.

En España y concretamente en la Comunidad Valenciana, hace cuarenta años atrás, descubrimos que África nos vendía sus naranjas. Se empezaron a importar apoyados, cómo no, por el gobierno de turno que así controlaba las mercancías cobrando sus aranceles. Hoy, en todo el país se sigue esta política de importación generalizada que ellos controlan (todos los cereales, frutas, verduras, etc.) más control, más aranceles, más dinero. El caso es sacar dinero para afrontar las malas gestiones y el excesivo gasto de los políticos. Poco les importa que el labriego, ganadero o fabricante, se marche al garete, pues por lo visto el mercado común europeo manda y controla. Eso sí, nos dan unos pocos euros para taparnos la boca; hambre para mañana.

O ponemos las fronteras a funcionar cómo antes, es decir: para defenderse, o todo lo que se está creando en las circunstancias actuales: necesidad, pobreza, hambre… nos llevará irremediablemente a alimentarnos sólo de pan y no blando si no del duro, del pasado.

¡No queremos, en alimentación, productos de importación, sólo pretendemos lo nuestro: “Made i Spain”!

Habladurías con tomate.

El otro día pensando y hoy escribiendo, quiero llegar a una feliz conclusión: ¿serà veritat allò de la tomata? ¿será verdad lo del tomate?

Durante el almuerzo del último día se comentó una anécdota que merece la pena escribirse para ser recordada; el pueblo donde sucedió es famoso por el uso festivo que da al tomate. Sus consecuencias han llegado ha convertirse en una tradición y ésta en su fiesta grande.

Cumbre batalla que allí se forma de manera oficial durante ya muchos años y en pleno centro de esta preciosa ciudad, a la que siempre acuden miles de forasteros para participar en la lucha cuerpo a cuerpo, arrojándose miles de tomates. Tan sólo una minoría de los asistentes -y en su mayoría mujeres- son sabedores de lo que algunos cuentan como una de las leyendas sobre el inicio de esa tradición que allí se fomenta año tras año.

Decía, comentaba, uno de los contertulios de nuestros almuerzos, que algún amigo del que fuera pariente de un gran actor castellonense, tuvo a bien contarle en una calle principal de mi ciudad lo siguiente que paso a relatar:

El familiar en cuestión, que tenía en el centro de la ciudad una de las mejores tiendas, era persona que contaba con una sana y envidiable simpatía, llena de buen humor, y, como buen macho ibérico, también sentía predilección por las mujeres. Sobre todo por la que fue su novia formal de aquel entonces. Sentía tanto ardor por ella que, de manera reiterada, como era lógico, “li volía tirar mà” (le quería meter mano).

En una ocasión y con motivo de las fiestas se acercaron al ya mencionado pueblo. Llegaron en autobús acompañados de un surtido grupo de amigos componentes de la excursión, formada, en parte, por la flor y nata de la Ciudad de la Plana.

Ya allí y sentados alrededor de la mesa, con cena de sobaquillo a la que gentilmente los anfitriones amigables del lugar les habían invitado, intentó, una vez más, “tirarli mà” , desconociendo en aquel momento el estado menstrual que su acompañante tenía. Ella, muy comedida en cuanto a la moral y otras cosas cultivadas de la época, no le dejaba, pese a que él insistía.

Entre risas, dimes y diretes y otras cosas, tanto reclamó el novio que ella le propinó un sonoro cachete en su rosada mejilla, delante de todos. La novia, violenta, le susurró a su vecina de mesa que su novio no sabía que “tenía el tomate”. Entonces, una compañera que había intuido el tema, le indicó con el dedo en la boca que guardara silencio y con gesto de complicidad, le tiró cariñosamente una porción del tomate que formaba parte de la ensalada diciéndole: “agafa la tomata” (coge el tomate).

Él, sin enterarse de la indirecta y añadiendo su más tierna mirada, añadió: querrás decir “llas, tomata” (ten, tomate) y le arrojó un trozo de su plato, liberándose de la tensión vivida.

En un instante, visto y no visto, ella procedió a restregarle el suyo en la cara. Y, mientras la comida proseguía con alegrías de vino y copiosos manjares que pronto facilitaron el general divertimento, se corrió la voz del estado de la novia, dando lugar a que, sabedoras todas las féminas del hecho en cuestión, procedieran a lanzarse el resto del tomate de las ensaladas.

Ellas sí sabían de que iba el asunto, mientras que, por el contrario, ellos, simplemente disfrutaban del juego, de la algarabía tomatera, ensuciando por doquier a todos los compañeros de la mesa.

La intensidad de la travesura llegó a tal nivel de juerga que más de uno de los tomates lanzados perdió su original parábola, yéndose a parar a otras mesas colindantes; de este modo -contagiándose de la alegría loca- se sumaron poco a poco todas las mesas de aquel comedor, convirtiendo la zona en una auténtica guerra roja.

Así, al decir de algunos, se inició lo que ha acabado siendo la famosa “tomatina de Buñol”. Estas son las anécdotas de nuestra España Cañí; y que siga así la tradición.

Habladurías, desde luego, que en nada tienen que ver con la realidad. O cómo añadirle salsa al tomate.

¡Me gustaría volver a la mierda!

El otro día pensando -y hoy, escribiendo- mi feliz conclusión es la misma: ¡me gustaría volver a la mierda!

Somos un reducido grupo de buenos amigos, todos nacidos entre el 45 y el 50, algunos ya felizmente jubilados y otros todavía en activo. Pertenecemos a aquel número de personas que, durante los años 70, podíamos coincidir en aquellos lugares de buen comer y mejor beber. Todos los días del año acordábamos vernos en algún que otro restaurante para cenar y. después del café, continuábamos juntos en las discotecas de moda.

En aquellos tiempos, salir por las noches era lo habitual y no suponía un problema. Ahora tan sólo coincidimos dos veces al mes y con previo aviso para almorzar y, así, no perder el contacto de tantos lustros de amistad. Poco a poco y, sin apenas darnos cuenta, nos hemos distanciado; hoy salir a cenar es prohibitivo, pues la carestía de vida no lo permite. Vivíamos de tal forma que no necesitábamos tener que contar el dinero, pues alternar con la peseta, que por desgracia descansa en paz, era barato.

En el último encuentro -junio del 2008-, hacíamos cálculos mentales y comentábamos que durante la década de los 70 a los 80, el salario medio lo teníamos sobre las 60.000 pesetas mensuales (361 Euros), unos por otros, y que un piso de 100 metros cuadrados en el centro de la ciudad de Castellón nos costaba 1.200.000 pts. (7200 Euros). En números redondos esto suponía que, trabajando 20 meses o sea, un año y ocho meses, pagábamos la vivienda. Al salir estos números en la conversación todos estuvimos de acuerdo en este hecho, llamémosle, matemático.

En la segunda mitad de aquella época ya habíamos superado la etapa franquista y se podía incluso ser rojo, pero creíamos sinceramente que vivíamos en la mierda, pues en Europa estaban muchísimo mejor; eso pensábamos nosotros, ya que todos los veranos nuestras playas y pueblos se llenaban de turistas que gastaban por doquier y llevaban muy buenos coches, que aquí no se veían. Coincidíamos con ellos en todos los sitios de moda y los considerábamos una invasión. Hoy mejor que nunca nos damos cuenta del por qué nos elegían: les resultaba más rentable venir de vacaciones a España que permanecer en sus países de origen. Llegaban, según generalizada opinión entre españoles, a la mierda del Sol y la sangría (nosotros ya bebíamos whisky).

Conclusión actual: ¡todos queremos volver a la mierda! No queremos ser europeos y abogamos por resucitar la peseta. Renunciamos a Europa, aunque si queremos que ellos, o mejor dicho, sus hijos, vuelvan aquí para que nos encuentren igual de felices, aunque más viejos; pero que no nos hagan pagar con la misma moneda de curso mortal. ¡Viva la España cañí!

En La Tierra es Plana, libro de Thomas Friedman que actualmente tenemos gracias a Internet, deberíamos analizarnos y llegar a la misma conclusión de este escritor -con tres premios Pulitcer-, que tiene toda la razón cuando apunta que para salir de la miseria hay que vivir en ella. O renunciamos al mercado europeo o sufriremos por muchos años el ser y no poder, pues aquí -y para nuestro pesar- todo trascurre lento a excepción de la crisis, que va muy rápida. O tomamos medidas drásticas para salir y apañárnosla solos, ya que lo tenemos todo y el aislamiento jamás puede ser nuestra desgracia, o seguiremos viendo a los jóvenes trabajar por 1000 euros mensuales e intentando comprar un piso en las afueras por 187.200 euros, lo que equivale a entregar todo el esfuerzo de trabajo que se realiza durante la friolera de quince años.

Así pues, mis queridos lectores ¿quién de vosotros se atreve a decir con nosotros?:

¡ME GUSTARÍA VOLVER A LA MIERDA!